sábado, 28 de marzo de 2009

Chorro de Borja: un alero con Arte Rupestre en la Sierra de Comechingones Sur (Córdoba, Argentina)


Tomando la ruta que lleva desde Río Cuarto (Provincia de Córdoba) a Villa Mercedes (Provincia de San Luis)en la región mediterránea de la Argentina y en la sección sur de la Sierra de Comechingones, existe un hermoso sitio rupestre.
Se encuentra a la vera de un arroyo que forma una cascada antes de desaguar en un cauce importante conocido como Arroyo Achiras, en una zona donde se unen la Sierra (montañas viejas que no superan —en esta latitud- los mil metros de altura) y la llanura pampeana. El sitio es prácticamente desconocido en las vecindades y recibe el nombre Chorro de Borja por dos motivos: uno, por el salto de agua y, otro, por el apellido de un poblador que vivió bastante tiempo en las inmediaciones.


Las rocas

El arte rupestre fue dibujado y grabado en varias partes de un apreciable bloque de granito cuyas diaclasas son —en términos generales- ortogonales y delimitan espacios de roca relativamente rectangulares. La forma general de este soporte es la de un paralelepípedo recostado sobre una de sus caras mayores, sobre una cuesta de talud importante y orientado, según su eje mayor, de norte a sur. Esta disposición es característica de los afloramientos rocosos de la sierra. Sin embargo, la geoforma contradice la evolución típica de los aleros graníticos, frecuentemente de formas redondeadas y planos cóncavo-convexos. Al este del bloque, una serie de grandes piedras de disposición natural delimitan un espacio de unos 14 metros cuadrados con depósito sedimentario; al oeste —desde la cara opuesta del bloque- se extiende un área de depósito pero, en este caso, demarcada por piedras puestas de canto que evidencian su uso como vivienda.






Esta noticia tiene por objeto dar a conocer sus pinturas rupestres, las cuales abren nuevas perspectivas en la investigación de la producción rupestre indígena en esta región. Su investigación la estamos haciendo para la Agencia Córdoba Ciencia, organismo de Ciencia y Técnica de la Provincia de Córdoba.

La arquitectura del sitio rupestre

El sitio está integrado a un ambiente rural de agricultura y cría de vacunos. Antes de la invasión española (siglo XVI) y durante el período colonial, la tierra estaba cubierta por un denso bosque leñoso, de especies xerófilas, características de la Argentina mediterránea. Así que es posible imaginar sus entornos originales como cubiertos por la sombra y la humedad de espinillos y matizados por el alto pastizal. Relictos de esta vegetación se advierten —aún hoy- hacia el norte y hacia el arroyo. Traspasando a éste —hacia occidente- se encuentra una cantera de cuarzo al aire libre bastante extensa; este material permitió, a los ocupantes del sitio, fabricar útiles para raspado, para corte y puntas de proyectil.

El arte rupestre está ubicado en cada una de las caras del sólido granítico. En la cara sur se encuentra una roca con hoyuelos, a los que consideramos petroglifo. Junto a ella un mortero en posición invertida y semi-escondido entre el pastizal.

Los restos de la formación arqueológica están distribuídos en el sector oriental dentro de un depósito húmico hasta una profundidad de 0.50 m en área cercada por piedras de gran tamaño y de forma redondeada por la erosión, las cuales articulan con la roca que contiene el arte pero por razones que corresponden a la formación geológica. Este sector debe haber constituído el área de habitabilidad del alero En la pared que mira hacia el occidente también existen rocas de derrumbe que articulan con pirca y una oquedad no demasiado profunda por debajo de la línea de visera (no demasiado desarrollada). Si este sector fue ocupado simultáneamente con el anterior o no es algo que debe ser determinado; pero es de suponer que debió tener una técnica de cierre similar a la que suponemos para la que mira hacia donde nace el sol. Al pie de sector, en dirección hacia el cauce del arroyo, en la cuesta encontramos lascas de cuarzo y, también, hacia el este. Hemos localizado rocas con "hoyuelos" en esta dirección y a pocos metros de la roca rupestre y sobre uno de los bloques que la circundan.

En síntesis, se trata de un sitio de compleja expresión gráfica y de valiosa información sobre el género de vida aborigen antes de la llegada de los europeos, los cuales habrían de modificar intensamente la región.

Los dibujos rupestres

Los dibujos rupestres indígenas se distribuyen en las cuatro caras del cuerpo granítico, de acuerdo con la forma tridimensional geométrica de paralelepípedo que le asignamos. Es decir, que ellos se correlacionan con los puntos cardinales. El más llamativo es el del norte que representa un guerrero con vestimenta y arma en la mano. En relación con la técnica de dibujo, es de destacar que la figura blanca fue realizada sobre un fondo de pintura roja que subraya la silueta del humano Centímetros más abajo existen hoyuelos de distribución azarosa, los que se repiten sobre la masa rocosa que sirve de plataforma para ver más de cerca este dibujo.


La orientación opuesta, la del sur, muestra restos de pintura blanca y roja cuya forma es de muy difícil percepción y una serie - otra vez- de hoyuelos..


Hacia el este, en el interior del techo de la pared ahuecada por la erosión hídrica y en una superficie limitada formada por la exfoliación hemiesférica del granito, se despliegan puntos pintados de blanco y una línea que sugiere una víbora, acompañada de otros signos -también en blanco- de escasa definición óptica.

En la pared oeste aparece un signo nítido, blanco, pero de interpretación incierta.

Observaciones sobre características de formación y transformación de sitio

El sitio Chorro de Borja tiene como soporte un granito de grano fino, con abundante feldespato y cuarzo, cuya característica más saliente es el diaclasamiento. Éste sigue ejes ortogonales, lo cual -especialmente en las caras norte y sur- le otorga una apariencia de cubos superpuestos. Este aspecto lo hace fuera de la norma de las geoformas que alojan el arte rupestre en la Sierra de Comechingones.

La pared sur es la más afectada por los líquenes, que avanzan sobre los dibujos.

En términos generales, la hidrodinámica del sitio no parece afectar las pinturas pero deben realizarse observaciones de largo término y este informe es preliminar.

Los sectores de depósito húmico se marcan en la figura 2. Allí el sedimento es retenido por una cubierta de pasto y por rocas de derrumbe.

La problemática

La producción rupestre de este sitio es notable en dos sentidos. En primer lugar aparece un guerrero con vestimenta y tocado. En la oquedad, el dibujo consiste en una miríada de puntos en el techo. Esta técnica está registrada por nosotros en otro lugar, Cerro Intihuasi (Alero del Norte), y es única hasta ahora en la región rupestre que investigamos (con excepción de Cerro Suco pero en petroglifo y en un contexto semiótico muy diferente).

Los humanos con tocado y vestido también aparecen en Intihuasi y nos parece que constituyen todos ellos un conjunto especial. Así es que en este momento pensamos que los siguientes registros poseen características que los hacen de particular atención dentro del universo rupestre de Comechingones Sur:
* Alero 1 del Abra Chica (Cerro Intihuasi)
* Alero 2 del abra Chica (Cerro Intihuasi)
* Alero de la Máscara (Cerro Intihuasi)
* Chorro de Borja

Asimismo, este último permitiría conectar con este conjunto al ya mencionado Alero del Norte (Cerro Intihuasi) por el hecho de presentar la resolución del dibujo por la técnica de puntos.

En la Provincia de Córdoba, el único registro con el cual podríamos vincular los que aquí mencionamos es Cerro Colorado (Gadner 1931)

El arte rupestre como formación arqueológica está ligado a un "pacto convencional" fundador de un horizonte histórico de lenguaje que expresan los dibujos y que estaba vigente cuando las sociedades indígenas desenvolvían su cultura en la Sierra de Comechingones. Una formación arqueológica es una distribución material (pigmentos extendidos sobre una superficie -preparada o no- a través de sustancias que permiten su expansión; marcas sobre las rocas; soportes de piedra) y sus transformaciones físicas, químicas y mecánicas que posibilitan ordenar los datos en un modelo n-dimensional de sitio arqueológico. La formación arqueológica nunca deja de ser la materialidad específica de una convención comunicativa básica.

En conclusión, consideramos que el registro rupestre de Chorro de Borja ayuda a dar consistencia a la posibilidad de existencia, en la Sierra de Comechingones, de dicha convención de lenguaje gráfico. Su dimensión temporal todavía nos es desconocida pero por su comparación con el universo gráfico que conocemos para la región es probable que se ubique en la centuria inmediatamente anterior a la conquista europea.


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